No ha llegado la paz
Con motivo del 70 aniversario de la Guerra Civil Española, hemos estado asistiendo a una jornada de documentales y películas que se presentan en la Cinemateca Dominicana desde la semana pasada.Hemos visto las posturas de ambos bandos. Nos hemos identificado con el heroísmo y el coraje de un lado y de otro. Reconocemos que ambos sectores políticos de la España, luchaban en ese entonces por las convicciones que movían su forma de pensar, sus legítimos intereses, degradados en una guerra fraticida.
Yo personalmente, por mi amor a la libertad, por mi sensibilidad social y mi preocupación por situar al ser humano como objetivo de toda política pública, por encima de la grandeza nacional, termino identificándome con los republicanos. Ese bando vencido que dio todo en la defensa de lo que en ese entonces representaba una paz ganada en buena lid en las elecciones que dieron paso a la República.
Una de las muestras de cine, “Las bicicletas son para el verano” dejó marcada en mí una reflexión que quiero traer a colación en esta Dimensión Ética, por considerarla una coincidencia trágica con nuestro pasado reciente.
En el filme, un padre, acabada la guerra, le dice frustrado a su hijo sobre el peligro de ser detenido. El hijo, le cuestiona decepcionado, le dice que su madre estaba contenta porque se acercaba la paz. A lo que el padre, republicano, vencido y melancólico, le responde: “Esta no es la paz, ha llegado la victoria.” Ese último diálogo de la película me trasladó a las páginas de la nuestra Guerra de Abril.
Si miramos hacia atrás, sin animo de remover heridas, mal cerradas por cierto, podemos verificar que se repite la historia española en el fin de la guerra.
Tras meses de lucha fraticida, se producen negociaciones que terminan con la organización de unas falsas elecciones que culminan imponiendo a Joaquín Balaguer, “el candidato de la paz”, como Presidente de la República. Así, se imponen los sectores conservadores durante los siguientes 12 años. Tras una desigual contienda electoral matizada por la persecución política al Prof. Juan Bosch y la predilección de las aún presentes fuerzas de intervención norteamericana por el candidato de la derecha nos imponen “la victoria”.
Acabada la guerra, no viene la paz. Nuestro país fue víctima de la imposición de un sector sobre otro. El mismo no dudó un instante en aplastar todo intento de oposición, pacífica o no, con el uso de la fuerza. Así nuestro país no transcurre por un necesario proceso de transición democrática, quedando pendiente el mismo hasta nuestros días.
Hemos tenido que pasar de la guerra a la complicidad, por falta de un consenso en la transición política necesaria para la paz. Ya hace 41 años que se produjo el primer enfrentamiento y todavía no hemos superado la victoria. La paz no ha encontrado lugar entre nosotros. ¿Podrá ser viable la democracia en esas condiciones?
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