Huele a "mano dura"
La muerte de Yodesy Marte, asaltado y asesinado por un sargento y un raso de la Policía Nacional se convierte en una señal para la opinión pública y los sectores que buscan una salida equivocada a la ola de violencia que se presenta en los distintos rincones del país. La reforma que se hace necesaria y para la que no vemos verdadera voluntad política es la reforma de los cuerpos de seguridad.Consideramos que el Código Procesal Penal, una recién nacida y espinosa pieza jurídica que ha encontrado más detractores que los casos de corrupción ventilados en la prensa en los últimos años, puede ser un instrumento muy eficaz si se cuenta con el capital humano para ello.
Diversos sectores, en respuesta a la criminalidad que asedia nuestras zonas urbanas se han montado en el carro del populismo penal y buscan promover una reforma a dicho Código cuando aún todavía no hemos podido comprobar los resultados estadísticos de su implementación.
Quienes promueven que se modifique en reversa la pieza que rige el proceso penal no han presentado la voluntad política ni mediática para empujar por medidas que prevengan los hechos que nos intranquilizan y mantienen a la ciudadanía sumida en el miedo. Sin embargo, proponen parches, quien sabe con qué trasfondo, para sonar simpáticos ante una población que espera una solución.
Para muchos de los que reclaman a viva voz que se modifique el CPP, no sería un problema que se reinstalen los campos del Sisal y las factorías arroceras que operaban en la era de Trujillo. Y es que la actual crisis de seguridad parece tener un matiz político.
Hace unos años se producía la misma cantidad de asaltos que hoy. Lo que ha hecho alarmante la situación es la forma en que se agrava el nivel de violencia con que se delinque en la actualidad. ¿Será que nos quieren llevar a la irracionalidad del miedo?
Más allá de las discusiones del Código, de las penas, está la urgente reforma policial y la necesidad de promover un plan de seguridad democrática (léase bien), que incluya, si se hace necesario, la creación de un nuevo cuerpo compuesto por jóvenes con formación técnica y buena remuneración.
No dudamos que la Policía Nacional tenga en sus filas grandes hombres y mujeres con preparación e integridad, pero también tenemos que admitir que muchos de los que integran dicho cuerpo armado son esclavos de sus necesidades. Los lobos cuidan el rebaño de ovejas mientras nuestras personalidades juegan a reformar el Código.
¿Y ahora, quién podrá defendernos?
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