Planificacion electoral
Hace menos de dos meses celebramos unas elecciones congresuales y municipales y hoy nuestro país ya empieza a vivir el hervidero de la competencia electoral. Hemos visto en los medios de comunicación cómo se alinean las fuerzas para hablar, nada más y nada menos que de la candidatura presidencial.No tenemos nada contra la sana competencia por los puestos públicos; de hecho aspiramos a ser parte de ella en algún momento de nuestra carrera, pero consideramos prudente dedicarle tiempo a nuestra abandonada realidad dominicana.
Hace unos días “La piedra en el zapato” de Nassef Perdomo nos hablaba sobre la falta de debate de ideas en la clase política dominicana. Es cierto que existe una ausencia total de discusión y mucha culpa tienen de esto los dirigentes “históricos” de los diferentes partidos políticos; pero el problema, en sí, no es tan complejo.
Si bien es cierto que hay ausencia de voluntad política para sentarse a discutir los diferentes temas de la problemática nacional, también lo es que hace falta el tiempo requerido para dichas tareas. No podemos olvidar que además de sus deberes de gobierno y oposición, los líderes y representantes de los diferentes partidos son parte de maquinarias electorales, que tienen que ser engrasadas y preparadas para cada contienda lo que absorbe una significativa suma de tiempo.
En la reforma constitucional de 1994, se estableció que nuestro país acudiera a las urnas cada dos años. Así, los políticos de los diferentes partidos quedaron convocados a competir teniendo muy poco tiempo para dedicarlo a la elaboración, propuesta, y discusión de políticas públicas. El debate de las reformas estructurales que requiere nuestro país, para alcanzar una democracia plena donde la ciudadanía tenga acceso a los beneficios de un Estado de Derecho responsable y socialmente eficiente, quedó aplazado.
Esta realidad responde a una electoralización de la política. Sin darnos cuenta, nos hemos condenado a una democracia en la dimensión electoral, relegando al olvido el plano de la participación social y económica de la sociedad.
Hacemos estas observaciones como un llamado a la reflexión con miras a una mejor planificación electoral y democrática, de manera que nuestros actores políticos tengan tiempo de hacer gobierno y oposición sin verse afectados por la necesidad inaplazable de la campaña electoral.
Recomponer el espacio electoral, incluso, discutir sobre la duración del período presidencial, la situación de las elecciones de medio tiempo y la fecha en la que las mismas se celebran no sería un mal punto en la agenda de la reforma que se avecina.
Lo de la fecha, el 16 de mayo, lo acotamos en el sentido de que nos parece irónico que “la fiesta de la democracia” se celebre el día que conmemora la llegada de Rafael L. Trujillo al poder.
Se nos presenta una oportunidad para abrir el campo a las reformas políticas.
Sería positivo tomar en cuenta el sistema mexicano, donde se elige un Presidente por seis años sin derecho a reelección. Asimismo estamos de acuerdo con la reunificación de las elecciones congresuales y municipales con las presidenciales, para dejar el camino abierto a los cambios y a la discusión e implementación de las políticas de Estado que en conjunto, todas las fuerzas, políticas y ciudadanas, debemos darnos para apalear los problemas nacionales, económicos y sociales.
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