Tuesday, February 12, 2008

Una verdadera revolucion democratica

Hemos leído, visto y escuchado al presidente Leonel Fernández hablar de una revolución democrática en diferentes medios y ocasiones. El peso de esa proposición en los labios de un primer mandatario y presidente de un partido que sale de un proceso electoral, habiendo obtenido una victoria electoral contundente, genera mayor interés.

Creemos firmemente que en nuestro país hace falta una revolución social y democrática que siente las bases institucionales para una convivencia distinta donde el ser humano sea un valor en sí mismo y su bienestar sea considerado un objetivo colectivo. Consideramos necesaria una modificación estructural de la administración y la composición social y sobre todo de la acción política en la República Dominicana.

Para llevar adelante una revolución democrática no basta el poder político y la voluntad para los cambios. Se requiere romper con una cultura de oscurantismo político que ha minado las estructuras de nuestro país. No podemos promover un cambio profundo, cuando utilizamos los medios que sumen al país en la peor de las esclavitudes, como la práctica nefasta del clientelismo.

Una revolución democrática supone una redefinición y reinvención del espacio público. Impulsar una administración pública eficiente y transparente. Promover un ejercicio de la ciudadanía como vía para hacer valer los derechos. Construir los mecanismos para que los ciudadanos y ciudadanas articulen las formas de democracia real.

Lo que planteamos no es alcanzable en un orden constitucional donde esté presente el Artículo 55 de la Constitución, que neutraliza todo control o limitación de poder que pueda tener la Carta Magna para el Presidente. No es alcanzable si no asumimos la renuncia a los privilegios de las viejas prácticas políticas que tanto han beneficiado a las élites partidarias que controlan el escenario de la vida pública actual para dar paso a la verdadera democracia, donde la igualdad de oportunidades sea norma.

La revolución democrática que los dominicanos y dominicanas esperamos incluye la democratización de la política, de la economía y de la sociedad. Comprende retomar y asumir los valores que dieron origen al proyecto trinitario e impulsar y asumir nuevos conceptos que comprenden empoderar y comprometer a la ciudadanía.

Sin apelar a toques retóricos innecesarios, una revolución democrática observa como prioridad la inversión en educación y formación técnica, el gasto social en salud y seguridad social, la creación de más y mejor empleo, la construcción de vías participativas de autogestión pública, la descentralización de la administración y la promoción de igualdad de oportunidades.

Reducir el presidencialismo y promover un proyecto común basado en el consenso de los distintos sectores del país que haga compromisario al gobierno, sin importar quien lo encabeza, de la continuidad del mismo. Detener la impunidad y saldar las deudas con el pasado oscuro son tareas de una revolución democrática que transmita la ética pública como valor ciudadano.
Aboguemos por el desarrollo de las instituciones democráticas. Construyamos un proyecto político capaz de generar una revolución social democrática.

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