Tuesday, February 12, 2008

La mirada en el cielo, los pies en la tierra.

(A mi amigo Guillermo Peña Capellán)

En los pocos años que tengo en política e incidiendo en espacios con gente que piensa y que cree que es posible hacer las cosas más allá del hogar, de la universidad, del trabajo, de la familia, gente que trasciende el círculo del yo; me ha tocado defender los principios. En múltiples ocasiones me han visto escribir, hablar y pensar de los principios, su importancia y la necesidad que, ante su carencia, se nos presenta en el ámbito político actual. Ahora, creo que también se hace necesario defender un poco la praxis.

Amigo, he decidido escribir estas líneas estimulado por tu frecuente invitación a seguir por el camino de los principios. Creo oportuno responder a tu miedo, constantemente expresado de que yo, por el día a día, pierda mi norte. Creo que es importante tener la mirada en el cielo, pero a la vez, los pies sobre la tierra.

La izquierda tradicional, históricamente escapista, muchas veces se entretiene inventando un futuro que nunca llega, mientras que la derecha gobierna el presente. Esa no es mi vocación, tengo voluntad política para los cambios. Creo necesaria la concreción de la teoría y para ello se requiere llevar la utopía a la praxis.

¿Quiere esto decir que nos dejemos caer en brazos del pragmatismo para renunciar a la utopía? Al contrario. Nos ocupa la urgencia de la respuesta del presente, y también la preocupación por encarar los desafíos de un futuro que debe y tendrá que ser diferente, pero hay que hacerlo.
Tu me has seguido desde los inicios de mi prematura carrera política. Conoces mis ideales y mis objetivos, sabes que no los tengo para exhibirlos como piezas de colección, ni para diferenciarme de otros que comparten la tarea que he escogido, el ejercicio político. Los tengo para realizarlos; para llevarlos a la realidad y cambiar el presente.

Mantener siempre la mirada en el cielo, el corazón a la izquierda, el oído atento a la voz del pueblo, y sobre todo, los pies bien puestos sobre la tierra, para mí ese es el espíritu del socialismo democrático, que es en lo que creo.

Los que entramos en política por principios, principalmente lo hacemos por rebeldía moral. Porque no concebimos que en la sociedad en que vivimos se produzcan cosas que se dan, y son injustas, crueles, muchas veces.

Ahora bien, esas inquietudes, esos valores que me hicieron entrar a la actividad política no se pueden quedar en mi cabeza, ni en el papel, ni en el discurso, deben ir a la complejidad del aparato social y para eso necesitan adaptarse.

En ese sentido, creo que pecamos muchas veces de sentimentalismo político, lo cual no critico, pero otorga cierta falibilidad a los planteamientos. Me preocupa que los individuos basen sus posturas de principio en un sentimiento, porque, excluida la experiencia vital, compartida o no, el sentimiento es frágil, y depende de lo que los medios de comunicación nos sirvan dramáticamente en un momento determinado. Esto hace que nuestro norte sea frágil.

Entre el escapismo de inventar el futuro para que la derecha gobierne el presente, y el pragmatismo de adaptarse absolutamente al presente y olvidar lo que es la utopía o el deseo de construir el futuro, tenemos, muchas veces, algunas dificultades para definir nuestro lugar. Yo creo que el lugar debe ser ubicarnos en el centro y caminar unos cuantos pasos hacia la utopía, que sin duda es lo deseado, pero sólo es posible haciéndolo.

Asumamos un pragmatismo con norte, un pragmatismo como lo comprendían los griegos, que dieron origen a la palabra, se trata de poder llevar a la práctica lo que se quiere.

La peor tragedia de quien hace política es el conservadurismo ideológico. Aferrarse a dogmas que frisados, no permiten la concreción del sueño. La ideología es para verterla en la arena, llevarla a las instituciones y concretarla, no para vanagloriarse de ella, ni discutirla en hermosas tertulias, publicarlas en periódicos con criticas sin solvencia, por carecer de respaldo alguno.

Demos a nuestras teorías ese respaldo necesario para impulsar los cambios. Ese respaldo, sin duda está en las acciones. Si es cierto, que no sólo de pan vive el hombre, también lo es que si sólo come principios se muere.

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