Sunday, November 20, 2005

“Aquí hace falta un Trujillo”

No son pocos los comentarios que hemos escuchado al respecto del fracaso del régimen democrático en nuestro país. Hemos repelido con firmeza criterios irreflexivos que sostienen la necesidad de la mano dura para la solución de los problemas que aquejan a nuestra ciudadanía.

En muchos medios escuchamos indignados la frase: “aquí hace falta un Trujillo”, últimamente en programas radiales matutinos de gran audiencia nacional, que impúdicamente hacen honor a deudas mal habidas con ciertos sectores y exaltan la figura de la mano dura como la panacea de nuestros problemas nacionales. Lo hacen a cambio de remuneraciones malsanas.

Muchos de nuestros conciudadanos, sin darse cuenta, le hacen flaco servicio a los intereses más obscuros de nuestro país. A gente que quiere aprovecharse, como tantos lo han hecho, de la miseria de nuestro pueblo.

La democracia no ha fracasado. Es un régimen que nos permite castigar al mal gobierno sacándolo del poder. Muchos hablan de la democracia como si se tratara de una ideología, pero por el contrario se trata de un modus operandi y por cierto el mejor de todos, pues respeta la dignidad del ser humano.

Hoy se nos quiere hacer referencia a épocas pasadas donde la democracia era solo un sueño y vivíamos bajo el garrote autoritario de Rafael Trujillo. Creemos una falta de vergüenza y una muestra de ignorancia el considerar que un régimen en el que el presente artículo, con seguridad, nos llevaría a la cárcel y quien sabe si al cementerio, pueda hacer falta en nuestro país.

El neo-populismo, erigido en masoquismo popular, busca sentar bases en nuestro país. Lo hace con las botas en el closet y la conciencia sucia, muy sucia. Lo hace con un discurso demagógico y una mentalidad retrógrada. Los “merengues del jefe”, prohibidos por la ley, son escuchados en residencias de reconocidos militares.

La nostalgia se ha desatado y ha escogido nombres y apellidos para continuar llevando a cabo sus maquinaciones. Y es que al parecer los falsos demócratas que heredaron el trujillato, respaldaron el balaguerato, y luego se escudaron en la democracia para seguir desangrando el Estado, se han cansado de guardar las formas y buscan abiertamente hacer tienda en el terreno político, minando la fe en la democracia y aprovechando el descrédito de las fuerzas tradicionales.

Decir que “aquí hace falta un Trujillo” no sólo es una aberración, sino que pone en tela juicio el diagnóstico psiquiátrico de quienes lo dicen, sobre todo si se trata de personas que vivieron aquellas épocas y pueden comparar las diferentes realidades. En los treinta y un años que Trujillo gobernó nuestro país se produjeron los hechos más horrendos y la bonanza económica de aquellos años era monopolio de un grupo reservado de secuaces del “jefe”, que hacían y deshacían con hombres y mujeres y con las arcas del Estado.

A esos falsos profetas que quieren presentarse como instrumentos del destino en la salvación de nuestro país, les aseguramos que quedan hombres y mujeres con dignidad. Hay una juventud que cree en la libertad y el respeto a sus derechos y que de ninguna manera dejaremos pasar a quienes buscan seguir sus privilegios ahora con formas más impúdicas y arcaicas.

La democracia debe perfeccionarse. Existen formas más incluyentes, más eficientes de ejercerla. Pero los sectores interesados quieren confundir la ciudadanía, declarando el fracaso de la misma. No les interesa comprender que nuestros problemas son en la democracia y no con ella. Las vías que establece el respeto a la integridad y la dignidad humana, son las institucionales, que no hacen distinción de color, raza, clase, religión o ideología. Esas son las vías que debemos fortalecer para conseguir los avances que no hemos logrado en estos cuarenta años intentando ser mejores.

No es cierto que la mano dura y la cultura del “tránquenlo”, que tanto ha estado presente en estos años, deba ser formalizada para solucionar nuestros padecimientos. Por el contrario, la solución, sin duda es eliminar estas formas y erigir una democracia de instituciones y de respeto a la diferencia.

Levantemos nuestra voz en contra de los nuevos intentos de burla y vejaciones. Rechacemos el descaro que han tenido algunos viejos parásitos del sistema político que hoy se presentan como salvadores. Construyamos una alternativa democrática viable y progresista, para hacerles imposible su avance.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home