La brecha social
En días pasados, el candidato a senador por el Distrito Nacional, del Partido Revolucionario Social Demócrata, Eduardo Jorge, planteó, en un artículo de opinión, la necesidad de atender a la brecha institucional que existe en nuestros países latinoamericanos.
Este fenómeno ha sido, durante años, el dolor de cabeza de gobernantes y gobernados. Ante esta realidad que presenta dicho abogado e intelectual, quisiéramos lanzar al lector algunas ideas que consideramos importantes para el buen desarrollo de la ciudadanía.
Entender la brecha institucional es trabajo de políticos. Construir los mecanismos institucionales para superar un estado de cosas injusto y excluyente es un trabajo de la clase que emite las pautas institucionales en el Congreso y el Ejecutivo.
Ahora bien, producto de esa brecha institucional que ha sentado bases en el sistema político dominicano aparece la peor de las amenazas a la democracia dominicana, la cual nos debe interesar a todos.
Para muchos no es algo nuevo la existencia de una población condenada a la miseria y a las carencias en nuestro país. Decimos que esto es producto de la gran brecha institucional porque, aún llevando a cabo las reformas económicas necesarias para un mejor desempeño, las instituciones, en nuestro país y gran parte del resto de América Latina, no han sido adecuadas para llevar esos cambios en el manejo económico hacia una materialización incluyente e integral.
La ciudadanía convive en dos mundos paralelos. Por un lado, la bonanza y el brillo de quien vive en opulenta riqueza. Por el otro, se vierte la sombra de una sociedad abandonada en la miseria y la desesperanza, donde la gente lucha día a día por sobrevivir su realidad.
El crecimiento económico es un hecho, perceptible por demás, que concibe en sus planes una economía autogobernada, que si bien es saludable para el libre mercado, no parece ser suficiente en su desempeño cualitativo. Es decir, no tiene sentido el crecimiento sin inversión social en la gente.
Pero, ¿a qué se debe esto?. ¿Por qué, siendo gobernados por maquinarias de tendencia liberal en los últimos diez años, no hemos logrado profundizar las reformas en nuestras instituciones para cerrar la brecha social?
Y es que los cambios económicos y sociales se hicieron esperar, porque nuestros políticos liberales prefirieron, en nombre de ‘lo electoral’, abrazar y santiguar el viejo orden balaguerista y aplicar los libros y recetas de los sectores más atrasados. Si los políticos e intelectuales de tendencia liberal hubieran jugado su papel histórico y transformado instituciones responsablemente, como lo predicaron en las tribunas, en vez de aferrarse a las prácticas del pasado de reformas parche y la búsqueda del poder por el poder, otro sería nuestro destino.
Si las generaciones que sustituirán las actuales no construyen un proyecto de país, que comprenda instituciones fuertes capaces de soportar amplias reformas que dinamicen la economía a la vez que la dirijan hacia un rumbo estratégico incluyente y solidario, el futuro de la nación dominicana estará en juego.
Prefiero pensar en positivo.
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