Monday, October 03, 2005

Una forma diferente.


Muchas personas aprecian incompatibilidad entre el ejercicio político y la conducta ética. Opiniones de distintos ciudadanos coinciden en la premisa de que para ser político hay que estar alejado de todo lo que indique la contemplación de escrúpulos. No consideramos que sea esta una opinión sensata ni reflexiva, pues creemos, como Duarte lo hacía, que la política es la actividad más bella después de la filosofía.

La actividad política es, o debe ser, la combinación de talentos de diferentes personajes que se reúnen alrededor de un proyecto común, de un objetivo a lograr. Sin embargo, desde los tiempos del Leviatán hasta nuestros días, el ejercicio político ha sido, con honrosas y escasas excepciones, un constante intercambio de mandos sin un rumbo estratégico y sin un proyecto positivo, no así la política.

Hemos vivido a expensas de los intereses grupales o personales. Los habitantes han sido instrumento para el uso y usufructo de los bienes estatales de un grupo apandillado o de un tirano que se ha encaramado, con camuflajes y artimañas, engañando y degradando a todos en su paso por el poder.

Es tiempo de levantarnos. Las personas sensatas, los hombres y mujeres de juicio, debemos levantar la mano y decir presente. Debemos pasar de ser habitantes a ser ciudadanos. Es cierto que los medios nos dificultan el acceso, pero el temor es el mayor obstáculo para las buenas obras. Debemos desprendernos del prejuicio, creado por sectores interesados, de que la política es una actividad sucia e incompatible con la ética. Cuando entendamos lo contrario, cuando sepamos que precisamente la ética es lo que diferencia a la política de la politiquería tendremos una clase dedicada a la administración y representación justa y eficiente de la cosa pública.

La participación política de las personas con preparación y formación, es el elemento principal de la creación de un liderazgo ético. En nuestro país ha habido grandes ejemplos de conductas intachables. No en vano han pasado por nuestra tierra figuras con decoro y determinación a la hora de defender los intereses de la nación, las hay en el presente y las habrá en el futuro.

Si abrimos los ojos y nos damos cuenta de que si no asumimos el compromiso ético de la ciudadanía, del ejercicio político, por temor a mancharnos, dejamos el espacio libre a personas sin principios, sin proyecto, sin honor. Digamos no al tabú de que la política es para la gente sucia y cambiemos la forma. Asumamos la participación política, activa o pasiva, como un deber ciudadano.

Creo prudente reconocer la participación de una promesa joven del ámbito político actual, un abogado, profesor y escritor que ha articulado sus talentos en combinación con sus convicciones éticas para hacer algo distinto y hoy se prepara para echar la batalla por conseguir la representación congresional. Eduardo Sanz Lovatón merece un reconocimiento y el apoyo de los hombres y mujeres que creemos en el la República Dominicana como un proyecto viable.

Trabajemos todos por el país que queremos. Tomemos conciencia de que sólo luchando en la arena podremos hacer la diferencia. Desde los partidos, desde los grupos de presión, desde las empresas, desde las escuelas, desde la prensa, desde los gremios, el voto; podemos contribuir al avance de nuestras instituciones. Tomemos conciencia de que merecemos un país mejor. Construyámoslo!

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