30 de mayo, Día de la Libertad
Hagamos un paréntesis de todas nuestras actividades para leer estas líneas que no son más que un llamado a la memoria, a cerrar heridas, a salvar coyunturas que pudieran producir desgarros innecesarios. Dejemos por un momento los chismes de nuestros tribunales, hoy convertidos en tragicomedias televisivas. Apartemos de nuestras mentes los problemas del momento para elevar nuestro pensamiento a algo trascendental.
Hace cuarenta y cuatro años se materializó un hecho que puso fin a más de tres décadas de horror y represión. Conjurados en maquiavélica asociación unos jóvenes allegados al gobierno se armaron de valentía para decapitar el régimen que mantuvo a nuestro país, por medio del miedo, al borde de la apatía moral. Este grupo de hombres, que se dispusieron a esperar al dictador Rafael Leonidas Trujillo en la Avenida G. Washington, aquel martes 30 de mayo, no ha sido bien valorado por la historia dominicana, que como hemos dicho antes ha caminado a tientas, seducida por el poder de turno e impotente ante la mano larga del déspota ilustrado.
Hoy queremos exigir, para cerrar heridas, que se le haga justicia a los héroes y mártires que arriesgaron y ofrendaron posteriormente sus vidas por ver nuestro país liberado y libertado. Reconocer a esos jóvenes que emprendieron los caminos de la gloria al dar muerte al tirano Trujillo.
Nuestro país no conoció una transición necesaria y hoy vemos las consecuencias de no haber transitado los senderos del diálogo y la concertación. Hemos visto como se nos impuso el olvido, se nos ordenó a punta de ametralladora, que olvidáramos nuestro pasado para condenarnos a repetirlo. A la hora de reorganizar la patria, de construir un régimen democrático, ambos sectores, el liberal y el conservador quiso ganar el pulso histórico imponiendo sus posturas, dando como resultado el desastre político del que hoy intentamos recuperarnos.
Proponemos que el día 30 de mayo sea declarado Día de la Libertad, como conmemoración de aquel momento de gloria en que la voz del pueblo rugió a través de las armas justicieras. El olvido nos llevó hace poco tiempo a aceptar pasivamente la construcción de monumentos en honor a la ignominia. Hoy los ciudadanos y políticos civilizados deberán escuchar la voz de la historia y reencontrar la transición que quedó trunca con el Golpe de Estado al Prof. Juan Bosch. Quisiéramos que la construcción de una agenda democrática genuina, construida en base a la concertación y el consenso de los distintos sectores, inicie con la celebración oficial del Día de la Libertad.
“Borrón y cuenta nueva” no es buen consejo. Crear la zapata cultural para un verdadero cambio fue responsabilidad de nuestros antecesores de la generación de los caudillos y la fuerza venció a la razón. Hoy la clase política tiene un reto: reiniciar el proceso de institucionalización de la república; para ello debe estar dispuesta a deliberar antes que a decidir, a proponer y renunciar a imponer. Pero esas transformaciones no pueden basarse en gatopardismos sino en la realidad de la disyuntiva que tenemos de cambiar o naufragar. Oigamos la voz de Ortega y Gasset al decir que "partir de cero no es solo inconveniente sino además imposible". Encontremos nuestra identidad y construyamos un nuevo amanecer que nos haga dignos de la libertad conquistada el 30 de mayo de 1961.

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